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jueves, 26 de enero de 2017

LA VERDAD INSTITUCIONALIZADA



Como diría Manolo Cañada, ahora en el mundo las sociedades han tenido que escoger un camino u otro o seguir en la resignación o plantar caja la rebeldía.
La resignación es como la droga que duerme a la gente, es morfina, heroína, cocaína que duerme la conciencia y neutraliza las neuronas de un pueblo, porque no hay más verdad que la competitividad, no hay más santos ni más poderes que los mercados ya que la economía tiene que crecer sin importar que contaminen el agua, la tierra y los mares; no importa que esa economía llegue o no a esa gente del pueblo más lejano que día tras día encorva sus hombros para sobrevivir, puesto que no tienen oportunidades como lo tiene el rico o como lo tiene el gran capitalista económico.
Los poderosos quienes están en el poder no ven desarrollo, solo ven crecimiento económico, pero de una manera individualista, lo cual azota a toda una sociedad.
Estamos en el Perú y en el mundo del 2017. Estamos ante una gran crisis ambiental a causa de la gran contaminación de los grandes países poderosos quienes sucumben a una patria o país  en proceso de desarrollo sin importarle el clamor de su gente.
Estamos en un Perú que debe despertar ante la situación en la que vivimos. Ya es el momento que el pueblo se ponga de pie y luche  con una ideología distinta a las tradicionales que  pasaron y tuvieron una oportunidad para cambiar el destino de del país, pero no lo hicieron porque ellos pertenecieron y pertenecen al gran sistema político del capitalismo imperial en donde el rico quiere ser más rico y volver al pobre más pobre.
Es la cruda realidad en donde un peruano explota a otro peruano, pero da prioridad, viabilidad para que crezca el extranjero que ni siquiera deja nada a cambio. Un humilde peruano tiene que trabajar 12, 14, hasta 16 horas para ganarse un sueldo que ni siquiera cubre la canasta familiar, mientras que otros señores quienes se hacen llamar legisladores del Estado se llevan jugosos sueldos sin importar la hambruna de muchos niños desamparados y muchas madres abandonadas.  
Este  es el gran sistema, señores, donde todo poder se compra, donde la justicia es un negocio, es decir, es como un juego de ajedrez, el que mueve mejor las fichas es el ganador.
Vivimos en un país donde la corrupción es como el manto de la noche negra que oscurece los ojos del pueblo sin darle salida a ningún horizonte, que lo ata hasta ver la luz efímera. Un país donde se compra a líderes políticos que un día dieron esperanzas falsas a todo un pueblo, que aparecieron como el lucero más brillante, pero luego se fueron esfumando con el pasar del tiempo.
Autoridades quienes vieron y ven que todo es un negocio, ven que el dinero lo es todo y así van destruyendo a futuras generaciones con unos medios de comunicación que embrutecen al pueblo para que así el gran capitalista siga creciendo a pasos agigantados; mientras  el pueblo sigue  drogado, sigue idiotizado con programas nefastos, ¿Por qué no dicen ni hacen nada las autoridades legislativas? La respuesta lo tiene el pueblo que piensa porque se da cuenta que ahí está el gran poder del capitalismo imperial.
Ya  es momento que el pueblo se cure de esta droga y la cura para esto es que desaparezca este sistema que es como una fruta podrida  que va contaminado a los demás.
Tenemos  funcionarios que manchan nuestras instituciones públicas, como policías corruptos a quienes los llamaría ladrones uniformados olvidando la lealtad a la patria que juraron por la seguridad del pueblo y combatir la delincuencia; sin embargo, hoy  en día, ellos se involucran y forman parte de ella.