Como diría Manolo Cañada,
ahora en el mundo las sociedades han tenido que escoger un camino u otro o
seguir en la resignación o plantar caja la rebeldía.
La resignación es como la
droga que duerme a la gente, es morfina, heroína, cocaína que duerme la
conciencia y neutraliza las neuronas de un pueblo, porque no hay más verdad que
la competitividad, no hay más santos ni más poderes que los mercados ya que la
economía tiene que crecer sin importar que contaminen el agua, la tierra y los
mares; no importa que esa economía llegue o no a esa gente del pueblo más
lejano que día tras día encorva sus hombros para sobrevivir, puesto que no
tienen oportunidades como lo tiene el rico o como lo tiene el gran capitalista
económico.
Los poderosos quienes están
en el poder no ven desarrollo, solo ven crecimiento económico, pero de una
manera individualista, lo cual azota a toda una sociedad.
Estamos en el Perú y en el
mundo del 2017. Estamos ante una gran crisis ambiental a causa de la gran
contaminación de los grandes países poderosos quienes sucumben a una patria o país en proceso de desarrollo sin importarle el
clamor de su gente.
Estamos en un Perú que debe
despertar ante la situación en la que vivimos. Ya es el momento que el pueblo
se ponga de pie y luche con una
ideología distinta a las tradicionales que
pasaron y tuvieron una oportunidad para cambiar el destino de del país,
pero no lo hicieron porque ellos pertenecieron y pertenecen al gran sistema
político del capitalismo imperial en donde el rico quiere ser más rico y volver
al pobre más pobre.
Es la cruda realidad en
donde un peruano explota a otro peruano, pero da prioridad, viabilidad para que
crezca el extranjero que ni siquiera deja nada a cambio. Un humilde peruano
tiene que trabajar 12, 14, hasta 16 horas para ganarse un sueldo que ni
siquiera cubre la canasta familiar, mientras que otros señores quienes se hacen
llamar legisladores del Estado se llevan jugosos sueldos sin importar la
hambruna de muchos niños desamparados y muchas madres abandonadas.
Este es el gran sistema, señores, donde todo poder
se compra, donde la justicia es un negocio, es decir, es como un juego de
ajedrez, el que mueve mejor las fichas es el ganador.
Vivimos en un país donde la corrupción
es como el manto de la noche negra que oscurece los ojos del pueblo sin darle
salida a ningún horizonte, que lo ata hasta ver la luz efímera. Un país donde
se compra a líderes políticos que un día dieron esperanzas falsas a todo un
pueblo, que aparecieron como el lucero más brillante, pero luego se fueron esfumando
con el pasar del tiempo.
Autoridades quienes vieron y
ven que todo es un negocio, ven que el dinero lo es todo y así van destruyendo
a futuras generaciones con unos medios de comunicación que embrutecen al pueblo
para que así el gran capitalista siga creciendo a pasos agigantados;
mientras el pueblo sigue drogado, sigue idiotizado con programas
nefastos, ¿Por qué no dicen ni hacen nada las autoridades legislativas? La
respuesta lo tiene el pueblo que piensa porque se da cuenta que ahí está el
gran poder del capitalismo imperial.
Ya es momento que el pueblo se cure de esta droga
y la cura para esto es que desaparezca este sistema que es como una fruta
podrida que va contaminado a los demás.
Tenemos funcionarios que manchan nuestras
instituciones públicas, como policías corruptos a quienes los llamaría ladrones
uniformados olvidando la lealtad a la patria que juraron por la seguridad del
pueblo y combatir la delincuencia; sin embargo, hoy en día, ellos se involucran y forman parte de
ella.
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